Presidente del Observatorio Internacional de la Violencia en la Escuela

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Eric Debarbieux: «La ley del más fuerte es de perdedores»

El experto alerta que «uno de cada cuatro posibles suicidas ha sufrido ‘bullying’ en la escuela»

BARCELONA- –  ¿Cual es la definición más exacta de la violencia que se vive en las aulas? – No vivimos una época de violencia espectacular. Es todo más bien a pequeña escala. Desde 1960 hasta ahora sólo se han dado 40 masacres en los colegios, considerando masacre a asesinatos en los que mueran más de tres personas. En las últimas décadas sí que se ha vivido un auge de las pequeñas agresiones dentro del clima escolar, que son las que más se repiten. Son agresiones verbales, faltas de respeto o el enfrentamiento directo a la autoridad, ya sea al profesor o al propio centro. Aunque, ojo, no toca a todos. Calculamos que sólo uno de cada 10 alumnos ha sufrido algún tipo de violencia.
– ¿Qué consecuencias se dan cuando se ejerce violencia en el centro? – Hay tres consecuencias. Primero, las que atañen al clima escolar y el ausentismo . Uno de cada cuatro alumnos que no acude a clase de forma regular lo hace por miedo a ser acosado. Suelen ser buenos alumnos. Un estudio de 1994 indicaba que el 29 por ciento de los que padecen bullying son los alumnos más inteligentes. En segundo lugar las consecuencias emocionales, que afectan a corto y largo plazo. La exposición a la violencia implica la aparición de depresiones, tendencias suicidas y problemas psicológicos. Uno de cada cuatro posibles suicidas ha sufrido acoso escolar.
– ¿Y la última? – La que atañe a la seguridad pública. El 75 por ciento de los adultos que hoy disparan han padecido o han formado parte de la violencia en su escuela. Tanto el acosador como el acosado se arman para protegerse y después vengarse. Es una actitud del todo inútil. El acosador, cuando crece, cae en la delincuencia  y el acosado se arma al crecer para tratar de defenderse. La ley del más fuerte es para perdedores.
– ¿Ha aumentado la violencia en los centros en los últimos 10 años? – Hay estudios de muchos países, de Francia, Chile, España y Brasil, que indican que la gran violencia, la física o la que se relaciona con masacres, no ha crecido especialmente. Lo que sí ha cambiado ha sido la naturaleza de la violencia. Hay más agresiones verbales y ha crecido el «cyberbulling», aupado por las nuevas tecnologías. También hemos percibido que se han extendido las agresiones colectivas. Ya no es un uno contra uno. Ahora el bullying se ha vuelto más grupal, con grupos de hasta siete contra uno.
–Muchos señalan a la cultura audiovisual como principal culpable de estas nuevas formas de agresión en el aula. ¿Qué papel juegan los «mass media»? – Buscan el impacto y se fijan en lo más conflictivo. Dan una imagen falsa imagen de la realidad, la distorsionan. Aún así, el interés de la sociedad mediatizada está ahí. Los vídeos más vistos en internet son los de actos terroristas, tsunamis, masacres escolares o actos de violencia ordinaria en el aula. Realmente, la violencia brutal sólo representa un 2 por ciento de las agresiones. El verdadero problema, por el que debemos fijar la atención, es el cambio que está experimentado el clima escolar. Los profesores se enfrentan a clases que cuestionan su rol y el del propio centro. Esta situación se da especialmente en barrios degradados, y en los que la violencia hacia las instituciones está presente en su día a día.
– ¿El castigo es la solución? –No es efectivo. Hay que promover otro tipo de aptitudes e instaurar lo que yo denomino «justicia restaurativa». Te pondré un ejemplo. Hace un par de años, un parisino pegó a otro en clase. El juez le dio dos opciones: cárcel por poco tiempo pasar seis meses patrullando con la policía de París por los suburbios. El único requisito: que lo apuntase todo y después presentase su reflexión. Casi no sabía escribir, patrulló, vio a los vagabundos y volvió a estudiar. No ha golpeado a nadie más.